Más allá de Ormuz: los grandes pasillos del comercio de petróleo

El Estrecho iraní, por donde circula el 20% del transporte mundial de crudo, no es el único punto caliente de la geopolítica actual. Por todo el planeta existen conductos naturales y artificiales cuyo bloqueo provocaría un auténtico terremoto en los mercados energéticos.

 

Yago González

En el reciente libro El rey del petróleo, biografía del magnate de las materias primas Marc Rich, el periodista Daniel Ammann revela uno de los secretos mejores guardados de la política de Oriente Próximo en el siglo XX. Se trata del pacto fijado en 1967 entre la entonces ministra de Asuntos Exteriores israelí, Golda Meir, y sha iraní Reza Pahlevi para construir un oleoducto de 250 kilómetros que transportara crudo de Irán a Israel, de modo que se compensara el cierre del Canal de Suez por parte de Egipto en plena Guerra de los Seis Días. El conducto se hizo realidad por encima de las continuas hostilidades oficiales entre ambos países, que en algunos casos condujeron a un mutuo boicot de importaciones.

El proyecto resultaba doblemente rentable: los israelíes obtenían petróleo de calidad a cambio de generosos precios y recaudaban los peajes de tránsito por albergar el túnel en su territorio. Por su parte, Teherán vendía sus excedentes y tomaba la delantera a las grandes multinacionales. Una jugada perfecta de realpolitik, urdida tras la mascarada de unas relaciones diplomáticas infernales, que describía lo decisivo de un cordón umbilical energético que traspasara fronteras. Pero en algunos casos, tanto los oleoductos artificiales como los pasillos marítimos diseñados por la naturaleza pueden convertirse en un hervidero de tensión geopolítica. El Estrecho de Ormuz es el epicentro actual de una posible guerra entre (una vez más) hebreos y persas. De hecho, el embajador iraní en España, Morteza Saffari, afirmó el pasado viernes en una entrevista con EXPANSIÓN en Orbyt que “no se descarta” bloquear el Estrecho si su país sufre un ataque bélico. Según analistas de Société Générale, cortar este canal, por donde circula el 20% del comercio mundial de crudo, implicaría que los precios se elevasen hasta los 200 dólares por barril.

Es sólo uno de los muchos conductos que concentran un denso tráfico petrolero en un cauce más bien angosto. Son los chokepoints (“puntos de estrangulamiento”), nombre con que el argot militar define aquellos lugares donde el paso de personas y vehículos resulta especialmente vulnerable a sabotajes. Por la riqueza energética que albergan sus tierras, estas vías son pródigas en Oriente Próximo. Así, más de tres millones de barriles diarios de crudo circulan entre el Mar Rojo y el Golfo de Adén a través del Estrecho de Bab el-Mandab, ubicado entre Yemen, Djibouti y Eritera. Un informe del Departamento de Energía de EEUU indica que el bloqueo de este pasillo impediría el acceso de los buques petroleros al Canal de Suez y les obligaría a rodear África por el sur, con el consiguiente retraso de sus fechas de entrega y el encarecimiento de sus cargamentos.

Islamismo
“Coincide que en los países circundantes a los chokepoints existe actualmente un gran auge del islamismo radical”, señala Mariano Marzo, catedrático de Recursos Energéticos de la Universidad Autónoma de Barcelona. “Esto no sólo se produce en los países del Golfo Pérsico y de Oriente Próximo, sino en el entorno del Estrecho de Malaca, en el suroeste de Asia”, apunta. Se trata de la ruta más corta para trasladar el petróleo desde el Golfo Pérsico hacia los mercados asiáticos, sobre todo China, Japón y Corea del Sur. “Allí también cunden los asaltos de piratas, al igual que en Bab el-Mandab”, destaca, por lo que las autoridades de los países costeros han redoblado en los últimos años sus patrullas para impedir los abordajes.

Además, tal como explica Marzo, “cuando se producen revueltas en un país, lo primero que suelen tomar por la fuerza los insurgentes son las fuentes de energía”. El pasado 30 de enero así sucedió cuando rebeldes sirios dinamitaron un gasoducto cerca de la frontera con Líbano. El año pasado, durante la guerra civil de Libia, fueron recurrentes las batallas entre fieles y opositores a Muamar el Gadafi para conquistar la central petrolífera de Ras Lanuf, principal centro de exportación del oro negro en el país.

No obstante, pese a que los mayores recursos energéticos del planeta se encuentran en aquellos países con menor tendencia al equilibrio político, el catedrático reconoce que “los primeros interesados en mantener la seguridad de los oleoductos y los estrechos marítimos son los países exportadores, que además tienen la responsabilidad de controlar todo el recorrido de éstos y cobrar los peajes de tránsito a los países por donde circula el petróleo”. De este modo, pactos subterráneos como el narrado en El rey del petróleo tienen todas las papeletas para perpetuarse mientras fluya el preciado líquido.

Source: http://www.expansion.com/2012/03/09/economia/1331314383.html?a=dc79176f565614fde41d6e17ee32345f&t=1332316567

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