El cerebro tras una turbia multinacional

La teoría del ‘trickle down’ (‘goteo’) es una de las más controvertidas en Economía. Se trata de bajar los impuestos a los ricos, porque así en teoría éstos van a gastar más (en cuyo caso generarán más consumo), o a ahorrar más (lo que a su vez se traducirá en inversión). Según afirma el economista John Kenneth Galbraith en su libro ‘La cultura de la satisfacción’, el ‘trickle down’ arranca del siglo XVIII en Francia, cuando se afirmaba que la nobleza generaba empleos en la forma de sirvientes.

Pablo Pardo

Lo cierto es que no hay ninguna evidencia de que bajar los impuestos a las rentas más altas genere más crecimiento económico. Los ricos pueden gastarse el dinero en mansiones o en yates y una sociedad de camareros y mayordomos no genera más crecimiento. Nadie negará que los ricos de Arabia Saudí o Rusia no se benefician de unos sistemas legales, digamos, diferentes al nuestro, pero que la gente de esos países no vive especialmente bien (por no hablar de, por ejemplo, Guinea Ecuatorial). Es igualmente cierto que tampoco hay ninguna evidencia de que haya ninguna relación clara entre presión fiscal y creación de empleo.

Pero los defensores del ‘trickle down’ tienen un argumento a favor de su teoría: Rüschlikon, un pueblo de 5.227 habitantes del cantón de Zúrich. El 4 de diciembre, los vecinos de Rüschlikon votaron en referéndum a favor de bajar el tramo del IRPF que fija el Ayuntamiento. Ahora, el tipo máximo del IRPF queda en el 72%, frente al 79% del resto del cantón de Zúrich.

Ivan Glasenberg en la sede de la compañía en Suiza. | AfpIvan Glasenberg en la sede de la compañía en Suiza. | Afp

Multimillonario al instante

La causa fue una persona. Un hombre que se ha beneficiado como pocos de la globalización, del capitalismo financiero, de la explosión de las economías emergentes, de los paraísos fiscales y de la demanda insaciable de recursos naturales no renovables: Ivan Glasenberg.

Glasenberg es el consejero delegado de Glencore, la mayor empresa minera del mundo. En mayo, Glencore -que, por motivos fiscales, tiene su sede en Suiza y su residencia fiscal en el paraíso fiscal de Jersey, en el Canal de la Mancha- colocó el 16% de su capital las Bolsas de Londres y Hong Kong. La participación de Glasenberg en la empresa le convirtió de inmediato en un multimillonario. Su fortuna se estima en unos 6.300 millones de euros.

Glencore está marcada por la controversia, las acusaciones de sobornos, de relaciones comerciales con países que violan los derechos humanos y por un respeto nulo por el medio ambiente.

De ahí viene la bajada de impuestos de Rüschlikon. Aunque este sudafricano que, por motivos obvios, ha logrado conseguir la habitualmente dificilísima ciudadanía suiza, no es el único multimillonario de la OPV de Glencore. Otro de los directivos, el donostiarra Daniel Maté -codirector de las divisiones de zinc, plomo y cobre- logró un patrimonio de unos 4.000 millones de euros, con lo que se convirtió en el cuarto hombre más rico de España.

En realidad, es posible que las fortunas de Glasenberg, Maté y otros altos directivos de Glencore sean significativamente menores, aunque todavía se cuenten en miles de millones de euros. Desde que salieron a Bolsa, los títulos de Glencore se han estrellado un 40%. El desplome se ha debido en buena medida a la menor demanda de materias primas debido al súbito enfriamiento de China, pero también podría tener algo que ver el hecho de que, según han denunciado muchos inversores, la OPV de Glencore (como las de otras empresas, sobre todo en Europa) se diseñó para ‘inflar’ el precio de la acción y así lograr que los directivos y los bancos colocadores ganaran más.

Una película de James Bond

Glencore no es ajena a las controversias. Más que una empresa, parece una organización salida de una película de James Bond.

Imagen de archivo de Marc Rich. | El MundoImagen de archivo de Marc Rich. | El Mundo

La empresa fue fundada en 1974 por Marc Rich, un personaje cuya vida ha quedado reflejada por el periodista Daniel Ammann en su libro ‘El rey del petróleo’. Rich se hizo famoso en todo el mundo por el indulto que recibió de Bill Clinton en 2000, y que provocó un vahído entre los republicanos, cuando estaba entre los huidos de la Justicia más buscados de EEUU, acusado de evasión fiscal. Las críticas republicanas no dejan de ser curiosas, dado que el abogado de Rich era Lewis Libby (alias ‘Scooter’), que se convertiría en el jefe de gabinete de Dick Cheney y que tuvo que dejar el cargo en 2005, cuando fue procesado por una venganza política, a la agente de la CIA Valerie Plame. Así, Libby se vengaba del marido de Plame, el embajador Joe Wilson, que había explicado que las acusaciones para ir a la guerra contra Irak eran inventadas (Libby a su vez fue perdonado por George W. Bush, y Wilson trabaja en Jarch Capital, un ‘hedge fund’ lleno de ex agentes de la CIA que compra terrenos descomunalmente grandes en África y los dedica a la agricultura).

Decir que Rich es controvertido es un eufemismo. Judío belga de Amberes, superviviente del Holocausto, ‘lobbysta’ proisraelí y gran donante del Partido Demócrata, hizo gran parte de su fortuna comerciando en materias primas (diamantes y petróleo, respectivamente) con la Sudáfrica del ‘apartheid’ y con el Irán del ayatolá Jomeini (a pesar de que este último no era exactamente un aliado de EEUU ni de Israel).

El verdadero ‘corazón’ de Glencore

Glencore es heredera de Rich & Co. Y, como su predecesora, estámarcada por la controversia, las acusaciones de sobornos, de relaciones comerciales con países que violan los derechos humanos y por un respeto nulo por el medio ambiente. Pero Glencore no es sólo una empresa minera. Paradójicamente, la verdadera raíz del éxito de este gigante no llegó hasta que salió a Bolsa y tuvo que presentar 1.367 páginas de información a los reguladores y a los potenciales inversores. En ese documento quedaba claro que Glencore obtiene una parte mucho mayor de lo que se suponía por medio de operaciones en mercados financieros, y que se aprovecha de algo que los expertos llaman “arbitraje regulatorio”, que no es más que aprovechar las diferencias entre los diferentes órganos que supervisan cada industria. Por ejemplo, si un banco tiene también operaciones de seguros, puede tratar de registrarse como una aseguradora si cree que los supervisores de ese sector son más laxos que los de la banca.

Sede de Glencore en Zúrich. | Reuters

Sede de Glencore en Zúrich. | Reuters

En el caso de Glencore, la cuestión es simple: oficialmente, ésta es una empresa minera, así que sus operaciones en mercados financieros de materias primas no están reguladas. Por consiguiente, sus ‘traders’ pueden tomar más riesgos -y también llevarse mejores ‘bonuses’- que los de casi cualquier empresa financiera. Así, el gigante minero lo es también de las finanzas.

Glencore resume el mundo de las materias primas, que ha vivido un ‘boom’ formidable en la última década: un sector poco o nada transparente, en el que las empresas deben negociar con Gobiernos poco o nada democráticos y en el que las operaciones financieras son a veces mayores que las puramente industriales. También es un mundo que parte de las opiniones públicas del mundo desarrollado ven como aburrido -no es lo mismo hacer filigranas en derivados en Nueva York que vender plomo a China- y con cierto desdén, a pesar de que nadie quiere pagar más por la luz porque los hilos de cobre del tendido eléctrico son más caros ya que Glencore (o las australianas Billiton o Rio Tinto) han decidido que no van a hacer negocios con ningún corrupto país africano.

Eso sí: donde no cabe duda de que adoran a Glencore es en Rüschlikon. Ahí y en el CATO Institute, el American Enterprise Institute y la Heritage Foundation, tres ‘think tanks’ de Washington que siempre han destacado por su defensa del ‘trickle down’.

Source: http://www.elmundo.es/elmundo/2011/12/15/economia/1323943619.html

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